Aquello de las Vigilancias

Desde edades muy tempranas tratamos de iniciar a los niños en el fútbol trabajando principios básicos como el pase, el tiro o el control. Lo cual está perfecto.

Sin embargo, existe un principio que aunque de manera transversal si que es posible que se trabaje, no se le da la importancia debida y que en edades superiores propician infinidad de goles en contra. Hablo de las vigilancias

Existen múltiples casos de jugadores (a menudo defensas) que se confían por el hecho de que el balón esté en posesión de su propio equipo e incluso en la parte contraria del terreno de juego, obviando el peligro que puede suponer no ejercer una óptima vigilancia (ofensiva en este caso) sobre un adversario que se encuentra en su zona.

Y es así, a simple vista, cuando toda la atención del juego está centrada en otra parte del campo, no parece peligroso ese rival que merodea sin marca la zona contraria de la que se encuentra el balón. Es justo ahí, en cosa de pocos segundos, cuando el esférico le llega a este jugador exento de marca, que recibe y tiene tiempo suficiente para montar una contra, que en muchos casos termina en gol.

Y es entonces cuando observas la cara de ese defensor que parece preguntarse como pudo darse semejante desenlace.

Bien es cierto que estos casos pueden darse por simples despistes, pero no podemos negar, que es más que habitual dar con jugadores que en situaciones del juego como la citada, desempeñan un rol de meros espectadores.

Claro está que dicha problemática cuanto antes la abordemos, mejor. Desde que un niño entra en una escuela de fútbol debemos hacerle entender el juego como un todo y no como situaciones sesgadas. Que todo jugador tiene su misión, en todas y cada una de las situaciones que se dan. El objetivo sería hacer llegar al niño al nivel de preveer la acción que puede suceder a continuación, por remota que pueda parecer.

De esta manera estaremos aumentando las posibilidades de evitar que situaciones como la anteriormente comentada, un día, nos den un buen susto.