Paciencia y Fútbol Base

En el fútbol de los últimos tiempos, especialmente a nivel de cantera, estamos acostumbrados a oír aquello de transmitir valores. Nadie medianamente sensato criticaría este modo de educación futbolística, ya que como todos sabemos, este deporte va mucho más allá de principios tácticos, técnicos etc.

Dicho esto, existe un aspecto o hasta valor si se me permite, al que particularmente daría una especial relevancia, la paciencia.

Es una cualidad que escasea a día de hoy, a todos los niveles y por parte de todos los partícipes del mundo del fútbol, ya sean entrenadores, jugadores o los propios familiares.

La falta de paciencia, es especialmente patente en lo que a carencia de buenos resultados se refiere. Claro está, que a niveles profesionales se vive de ello y es lo que manda, sin embargo observo el mismo problema en edades de futbol base.

La escasez de esta cualidad, especialmente en edades escolares, no llevarán a otro lugar más que a una situación de bloqueo del niño/a y en definitiva a una atmosfera dañina y poco ventajosa para el entorno.

Por todo ello, las personas encargadas de entrenar en los niveles iniciales del fútbol, tienen el gran reto de dotar de esta cualidad a sus jugadores, para así evitar futuros problemas de ansiedad. Los niños deben asimilar desde sus primeros años que los resultados no lo son todo, que lo importante es el trabajo realizado y que siguiendo una línea, la mejora llega. Como diría Marcelo Bielsa «evaluación de lo obtenido y lo merecido».

Esto último es lo más complicado de hacer entender, y no solo por el niño, sino por sus familias y los propios entrenadores también. Por mucha teoría que entendamos, existe en cada ser un espíritu competitivo insaciable en una constante batalla con esa paciencia de la que hablamos, y que en ocasiones nos hace olvidar el verdadero objetivo del fútbol base.

Aquello de las Vigilancias

Desde edades muy tempranas tratamos de iniciar a los niños en el fútbol trabajando principios básicos como el pase, el tiro o el control. Lo cual está perfecto.

Sin embargo, existe un principio que aunque de manera transversal si que es posible que se trabaje, no se le da la importancia debida y que en edades superiores propician infinidad de goles en contra. Hablo de las vigilancias

Existen múltiples casos de jugadores (a menudo defensas) que se confían por el hecho de que el balón esté en posesión de su propio equipo e incluso en la parte contraria del terreno de juego, obviando el peligro que puede suponer no ejercer una óptima vigilancia (ofensiva en este caso) sobre un adversario que se encuentra en su zona.

Y es así, a simple vista, cuando toda la atención del juego está centrada en otra parte del campo, no parece peligroso ese rival que merodea sin marca la zona contraria de la que se encuentra el balón. Es justo ahí, en cosa de pocos segundos, cuando el esférico le llega a este jugador exento de marca, que recibe y tiene tiempo suficiente para montar una contra, que en muchos casos termina en gol.

Y es entonces cuando observas la cara de ese defensor que parece preguntarse como pudo darse semejante desenlace.

Bien es cierto que estos casos pueden darse por simples despistes, pero no podemos negar, que es más que habitual dar con jugadores que en situaciones del juego como la citada, desempeñan un rol de meros espectadores.

Claro está que dicha problemática cuanto antes la abordemos, mejor. Desde que un niño entra en una escuela de fútbol debemos hacerle entender el juego como un todo y no como situaciones sesgadas. Que todo jugador tiene su misión, en todas y cada una de las situaciones que se dan. El objetivo sería hacer llegar al niño al nivel de preveer la acción que puede suceder a continuación, por remota que pueda parecer.

De esta manera estaremos aumentando las posibilidades de evitar que situaciones como la anteriormente comentada, un día, nos den un buen susto.